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Volver a mí: la pausa que me permitió escucharme

Durante un tiempo pensé que continuar era la única manera de avanzar. Seguía atendiendo responsabilidades, personas, pensamientos y situaciones que reclamaban mi atención. Desde afuera, todo parecía estar en orden; sin embargo, poco a poco, fui sintiendo que necesitaba detenerme.

No porque hubiera dejado de amarme, sino porque quizás había pasado demasiado tiempo mirando hacia afuera.

La pausa llegó como una invitación a volver a mí. A observarme sin exigencias, a escuchar lo que estaba sintiendo y a reconocer que no tenía que poseer todas las respuestas para comenzar a encontrarme.

Detenerme no significó abandonar mi camino. Significó hacer silencio para saber desde dónde quería continuarlo.

Lo que encontré cuando hice silencio

Cuando comencé a hacer silencio, entendí que dentro de mí había emociones que no necesitaban ser corregidas, sino escuchadas. Algunas se manifestaban como inquietud, otras como cansancio, incomodidad o pensamientos repetitivos.

Durante mucho tiempo podemos acostumbrarnos a seguir adelante sin preguntarnos qué estamos necesitando realmente. Nos ocupamos de cumplir, resolver y acompañar a los demás, mientras dejamos para después el encuentro con nosotros mismos.

Volver a mí ha sido permitirme sentir sin pelear conmigo. Observar lo que aparece, sin convertirlo inmediatamente en culpa, juicio o rechazo. Porque cada emoción puede mostrarnos algo de nuestra historia, de nuestras necesidades y de la manera en que estamos viviendo el presente.

La pausa también es una forma de avanzar

Pausar no siempre significa detener todas nuestras actividades. A veces la pausa ocurre en medio del día, cuando respiramos conscientemente, reconocemos cómo nos sentimos y dejamos de reaccionar automáticamente.

Puede comenzar con preguntas sencillas:

¿Qué estoy sintiendo en este momento?

¿Qué intenta mostrarme este sentir?

Y hoy, ¿qué necesito ofrecerme?

No es necesario encontrar respuestas inmediatas. El propósito de estas preguntas no es presionarnos, sino abrir un espacio interior donde podamos escucharnos con honestidad.

Cuando hacemos de la pausa un hábito, comenzamos a reconocer con mayor claridad aquello que nos acerca a nuestra paz y también lo que nos aleja de nosotros mismos.

Volver a ti, una y otra vez

Volver a mí no ha sido llegar a un lugar definitivo. Es una elección que realizo cada vez que el ruido exterior, las responsabilidades o mis propios pensamientos intentan alejarme de mi centro.

Hoy comprendo que escucharme es una manera de acompañarme. Es reconocer que puedo estar presente para mí, incluso cuando no entiendo completamente lo que siento.

Quizás tú también has pasado demasiado tiempo mirando hacia afuera. Si es así, no necesitas exigirte un cambio inmediato. Puedes comenzar regalándote una pausa, una respiración consciente y una pregunta sincera: ¿cómo estoy realmente?

En Wellroom creemos en el valor de ser escuchados sin juicio y en la importancia de crear espacios seguros para encontrarnos con lo que sentimos. Si necesitas detenerte, hablar y volver a ti, aquí tienes un espacio para hacerlo a tu propio ritmo.

A veces, volver a nosotros mismos comienza con algo tan sencillo como darnos permiso para detenernos.